Sin Agricultura, no hay alimentos.
El reúso del recurso podría fortalecer la resiliencia de Chile frente al cambio climático, aunque persisten desafíos de infraestructura, financiamiento y coordinación institucional.
Mientras la agricultura enfrenta una disponibilidad hídrica cada vez más incierta, millones de metros cúbicos de agua tratada terminan en el mar cada año.
Chile genera cerca de 38 metros cúbicos por segundo (m³/s) de aguas residuales tratadas. Una parte importante ya se reutiliza indirectamente en cuencas agrícolas, pero alrededor de 8 m³/s —aproximadamente 20%— continúa perdiéndose a través de emisarios submarinos.En gran parte del país, la recuperación ya forma parte del ciclo hídrico. Según la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (Acades), alrededor de 30 m³/s de aguas residuales tratadas por plantas sanitarias son descargadas en ríos y esteros donde vuelven a ser utilizadas, principalmente por la agricultura.
‘El reúso de aguas continentales es una realidad y está operando sin inconvenientes’, señala Juan Pablo Matte, secretario general de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). A su juicio, el principal potencial se encuentra en los cerca de 8 m³/s que hoy son descargados al mar mediante emisarios submarinos ubicados frente a ciudades como Valparaíso, Arica, Iquique, Antofagasta y Coquimbo.
Si la totalidad de ese volumen estuviera disponible para riego, equivaldría a unas 25.000 hectáreas adicionales, cifra que representa cerca del 2,8% de la superficie regada del país. ‘Puede parecer poco, pero en zonas específicas es una superficie importante’, agrega Matte. Y detalla que el mayor potencial se concentra precisamente en territorios cercanos a las ciudades costeras, como los valles de Aconcagua, Quillota, Coquimbo y otras zonas del norte del país donde la escasez hídrica se ha vuelto cada vez más recurrente.
Según Rafael Palacios, vicepresidente ejecutivo de Acades, ese caudal podría cubrir entre un 8% y un 12% de la demanda hídrica agrícola. El problema es que, hoy, apenas una fracción mínima de ese potencial se aprovecha efectivamente, asegura.
No depender de la lluvia
Dado que las precipitaciones son cada vez más variables, el principal atractivo de la reutilización de aguas no está necesariamente en el volumen disponible, sino en su estabilidad.
‘El reúso tiene una ventaja única importante de comprender: es una fuente hídrica permanente y predecible mientras exista consumo humano’, sostiene Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad de Escenarios Hídricos 2030. A diferencia de otras fuentes afectadas por la variabilidad climática, la ejecutiva resalta que las aguas residuales tratadas ofrecen un suministro constante que puede dar resiliencia a territorios con escasez hídrica.
Esto explicaría además por qué el reúso aparece cada vez con más frecuencia en las estrategias de adaptación al cambio climático. Para Juan Pablo Boisier, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), se trata de una alternativa especialmente atractiva porque los requerimientos de tratamiento para uso agrícola son menores que los exigidos para consumo humano.
‘El reúso puede transformarse en una herramienta de adaptación, pero su éxito debe evaluarse en función de su capacidad para reducir la presión total sobre los recursos hídricos’, advierte.
La distinción no es menor. Para Boisier, generar más agua disponible no necesariamente reduce el estrés hídrico. Para que el reúso cumpla su promesa —explica—, debe sustituir parte del uso de fuentes convencionales y no solo expandir la demanda.
La real barrera
Para los especialistas, el principal obstáculo está en llevar el agua desde las ciudades costeras hasta las zonas agrícolas, financiar la infraestructura requerida y desarrollar modelos de negocio capaces de sostener proyectos de largo plazo. Por ello, a diferencia de otras fuentes de agua, el reúso exige coordinar sanitarias, agricultores, autoridades y potenciales usuarios industriales bajo esquemas que hoy siguen siendo excepcionales en Chile.
‘No hay infraestructura que permita tomar el agua a nivel de las ciudades costeras y devolverla a los valles ubicados aguas arriba’, afirma Matte. Y agrega que esa infraestructura, compuesta por tuberías, estaciones de bombeo y sistemas de distribución, es similar a los proyectos de desalación. Para el secretario general de la SNA, la clave está en encontrar cultivos capaces de absorber ese costo y generar contratos de suministro de largo plazo que permitan viabilizar las inversiones.
‘El problema es cómo construimos los incentivos para que estas soluciones ocurran a escala’, añade Broschek.
La respuesta —coinciden los expertos— está en encontrar una fórmula que permita llevar el agua desde la costa hasta los campos a un valor que los usuarios estén dispuestos a pagar.
Actualmente, el costo del tratamiento y transporte del agua reutilizada puede superar el dólar por metro cúbico, una cifra difícil de incorporar para muchos cultivos agrícolas. ‘Cuando encontremos un modelo atractivo que despierte el interés de usuarios agrícolas por solventar el costo de la seguridad hídrica, estos proyectos podrán desarrollarse más extensivamente’, plantea Palacios.
Juan Pablo Matte, en tanto, menciona que para que esto ocurra se requerirán contratos de suministro a 20 o 30 años, aún poco comunes en la agricultura chilena. En paralelo, distintos especialistas sostienen que el desarrollo del reúso requerirá mecanismos de financiamiento público y privado, ya que los beneficios de una mayor seguridad hídrica suelen extenderse más allá de quienes consumen directamente el agua.
Sin embargo, la percepción ciudadana no siempre acompaña esa urgencia. Según un estudio de Acades y Criteria, solo un 12% de los chilenos considera prioritaria la inversión en infraestructura hídrica, pese a que el 78% declara estar preocupado por el cambio climático.
Recuadro
La experiencia internacional
El reúso puede transformarse en una fuente relevante para la agricultura cuando deja de abordarse como un proyecto aislado y pasa a formar parte de una estrategia hídrica de largo plazo.
Según la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR), más del 60% del agua regenerada del país se destina a usos agrícolas, y regiones como Murcia reutilizan más del 90% de sus aguas residuales tratadas. El desarrollo de infraestructura, marcos regulatorios específicos e inversiones públicas permitieron convertir la reutilización en un complemento habitual para el riego.
‘La principal lección internacional es que el reúso despega cuando se integra como parte de una política de desarrollo territorial y seguridad hídrica nacional’, señala Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad de Escenarios Hídricos 2030.
Avanzar en nuevas fuentes de agua también choca con la percepción. Según Acades, el 47% de los chilenos piensa que en el país hay agua en abundancia, pese a que la década 2016-2025 fue la más seca registrada.
Por ello, a diferencia de otras fuentes no convencionales, el reúso ofrece algo especialmente valioso en un escenario de cambio climático: disponibilidad relativamente constante y cercana a los principales centros de demanda.
Fuente: El Mercurio - Sostenibilidad y Energía Seguridad hídrica: