Sin Agricultura, no hay alimentos.
Si bien las lluvias y nevadas mejoraron las perspectivas desde Atacama hasta Ñuble, se advierte que la temporada de riego aún está amenazada, especialmente a partir de enero, por el comportamiento de El Niño. Además, se previene que el riesgo no es solo de escasez hídrica, sino por aluviones y eventuales daños a la infraestructura.
Optimismo e incertidumbre. Eso es lo que por estos días marca el ánimo de productores y regantes de las principales zonas agrícolas del país de cara a la temporada de riego.
Y es que si bien las precipitaciones y nevadas de agosto significaron un importante alivio para varias zonas agrícolas que arrastraban años de sequía y mejoraron las perspectivas de disponibilidad de agua, también dejaron daños puntuales en infraestructura. A ello se suma la incertidumbre sobre el comportamiento de El Niño durante los próximos meses, que podría traer nuevos desafíos para la actividad agrícola.
‘Lo más importante por ahora es que llovió lo suficiente, lo que tiene varios aspectos positivos, entre ellos, la acumulación de nieve en la alta cordillera y el lavado de sales en los suelos. Si bien han surgido algunos inconvenientes en canales que fueron dañados por los temporales, la mayoría se encuentran reparados. Por lo tanto, esperamos que desde Atacama al sur tengamos una muy buena temporada de riego’, afirma Víctor Catán, presidente de Fedefruta.
Catalina Castro Amenábar, secretaria general de Conca, coincide con este panorama, pero llama a mantener la prudencia.
‘Una buena temporada de lluvias no necesariamente se traduce de manera automática en seguridad hídrica para toda la temporada agrícola, porque existen diferencias importantes entre cuencas y también debemos considerar variables como la acumulación de nieve, el comportamiento de los caudales y la disponibilidad de agua embalsada’, sostiene.
Atacama y Coquimbo: Con mucha cautela
Las lluvias de agosto dejaron un balance de dulce y agraz en las zonas agrícolas de Atacama y Coquimbo. Por un lado, significaron un importante aporte para recuperar caudales y reservas de agua en los principales valles agrícolas, mejorando las perspectivas para la próxima temporada de riego. Por otro, la intensidad de algunos de los eventos dejó daños en infraestructura productiva y encendió las alertas frente al riesgo de nuevas crecidas, aluviones y deslizamientos.
En la Región de Atacama, los principales problemas se concentraron en caminos y puentes que circundan las quebradas precordilleranas, muchos de los cuales fueron sobrepasados por el material arrastrado por los aluviones.
‘Por estos días, muchos productores están desembolsando grandes sumas de dinero para reparar esas protecciones con rapidez y asegurar el buen funcionamiento de los parrones de la zona. Sería bueno que el Estado se hiciera presente con ayuda para subsanar ese tema’, afirma Rodrigo Susaeta, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores Agrícolas del Valle de Copiapó (Apeco).
En la Región de Coquimbo, el escenario es similar. El frente dejó embancamientos y deslizamientos de tierra que taparon canales y provocaron daños en bocatomas. El resultado es que, por estos días, solo un pequeño porcentaje de los canales está recibiendo agua, mientras el resto permanece a la espera de que concluyan los trabajos de reparación.
‘Hoy, las máquinas están trabajando a full para dejar los canales operativos. A la fecha, el 90% de las compuertas de Elqui están reparadas. Esperamos que la situación se normalice después del 18 de septiembre’, indica Gabriel Varela, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Elqui.
Pese a las dificultades, el balance hídrico permite mirar con mayor optimismo la próxima temporada. Varela estima que los embalses La Laguna y Puclaro deberían alcanzar el 100% de su capacidad hacia fines de diciembre o comienzos de enero de 2027.
‘Según lo acordado por la mesa, a partir de la situación actual y datos de años anteriores, esta temporada comenzará con un 35% de desmarque, lo que quiere decir que cada acción será equivalente a 0,35 l/s. Una vez que se genere el rebalse del embalse Puclaro, se dejarán los canales a la máxima capacidad que puedan portear’, indica Varela.
La preocupación comienza a trasladarse hacia lo que pueda ocurrir con el clima durante las próximas semanas y meses, ya que la eventual llegada de nuevos sistemas frontales de alta intensidad podría poner nueva presión sobre la infraestructura y quebradas que, tras los últimos eventos, quedaron particularmente vulnerables.
‘Los daños que se produjeron dejan al valle en una situación de debilidad ante cualquier otro evento climático que pudiera venir. Las quebradas se encuentran susceptibles y no están preparadas’, advierte Susaeta.
En la Región de Coquimbo, en tanto, el principal temor está puesto en la temperatura. Una primavera muy cálida podría acelerar el proceso de deshielo y elevar fuertemente los caudales y el arrastre de sedimentos.
‘Este año, en nuestro caso, tenemos una acumulación de nieve de 7,40 metros en la cordillera. Si hay deshielos importantes se podría generar un caudal muy grande que traerá mucho sedimento’, afirma Varela.
Alivio en Valparaíso y Metropolitana
Después de varios años complicados, en la cuenca del Aconcagua, en precipitaciones y acumulación de nieve, 2026 ha sido un buen año.
‘En la primera sección del río Aconcagua, que va desde Los Andes hasta el puente de San Felipe, estamos muy tranquilos porque cayó más nieve que agua. Debido a que nosotros no tenemos embalse, nuestro embalse es la cordillera. Y este año estamos consiguiendo alrededor de 12 metros de acumulación de nieve en la cordillera, que es de muy buena calidad, ya que es de junio y julio, lo que nos permitirá tener una temporada relativamente normal, llevando a que los deshielos del verano nos abastezcan de agua suficiente para riego’, afirma Luis Alberto Luraschi, presidente de la Junta de Vigilancia de la Primera Sección del Río Aconcagua.
En la cuenca Maipo-Mapocho el escenario también mejoró, aunque con una diferencia: los buenos registros no alcanzan a borrar el déficit acumulado durante el primer semestre.
‘Mayo cerró como el quinto mes más seco en Santiago desde 1967, lo que llevó a que en junio se solicitara el decreto de escasez para la primera sección del Maipo. Recién en julio y agosto llegaron la nieve y las lluvias, que se dice continuarán hasta febrero’, indica Raúl Vigneaux, secretario de la Junta de Vigilancia de la Tercera Sección del río Mapocho.
El cambio se refleja con claridad en la nieve acumulada. Según Vigneaux, el déficit de agua equivalente en la nieve pasó de 92% a comienzos de julio a apenas 10% a fines de agosto.
Pero los buenos números tienen un límite. Santiago cerró el invierno con 12% menos de precipitaciones que un año normal y el embalse El Yeso se encuentra en 66% de su capacidad, por debajo de los niveles registrados en los dos años anteriores.
‘La reserva de este año está en la nieve, no en el almacenamiento’, advierte Vigneaux.
Más al sur, en O’Higgins, el escenario es más estable. En las cuencas de los ríos Cachapoal y Tinguiririca no se han registrado, hasta ahora, problemas asociados a caudales elevados, algo que se explica en buena medida porque las últimas lluvias intensas estuvieron acompañadas de una isoterma baja. Esto permitió que una mayor proporción de las precipitaciones quedara almacenada como nieve en la cordillera y mejorara las perspectivas para la temporada de riego, que debería comenzar a fines de septiembre o comienzos de octubre.
‘Creo que a estas alturas podemos decir que agua de aquí a diciembre habrá. Sin embargo, desde ahí en adelante no lo tenemos muy claro. Tenemos incertidumbre’, afirma Graciela Correa, gerenta de Juntas de Vigilancia de Ríos y Esteros de O’Higgins.
Y es precisamente ahí donde aparece el principal factor de cautela para las distintas cuencas: qué ocurrirá durante los próximos meses con la presencia de El Niño y, especialmente, con las temperaturas.
‘Sabemos que vienen lluvias en septiembre, octubre y noviembre, las que serán necesariamente con isotermas más altas, lo que puede generar que perdamos parte de la nieve. Así, podríamos tener una primavera de alto caudal y nos falte agua en el verano’, sostiene Correa.
‘Eso tiene doble costo: el agua almacenada en altura se acaba antes, y aumenta el riesgo de aluviones, que traen muchos más problemas de los que resuelve el agua extra’, complementa Luraschi.
Para Vigneaux, en tanto, la principal amenaza esta temporada es la incertidumbre asociada al comportamiento de El Niño. Lluvias más intensas podrían transformar el alivio hídrico en un problema.
‘Con un El Niño intenso el riesgo no es que falte agua, sino que llegue toda junta y no tengamos cómo gestionarla ni evitar el daño que puede producir a los frutales. Si tuviéramos obras de acumulación en la cuenca, la cosa sería muy distinta, ya que se podría dosificar el caudal de los ríos sin generar estragos y hacer un aprovechamiento óptimo’, asegura.
Maule y Ñuble: Con buenas sensaciones
Más al sur el escenario también muestra una mejoría respecto de temporadas anteriores.
En el Maule, las buenas cifras de precipitaciones permiten proyectar una favorable temporada de riego para las principales zonas agrícolas, aunque su inicio se ha retrasado por las lluvias.
‘Esta temporada presenta registros de precipitaciones cercanos a un año normal y se ubica como el quinto de mejor registro de los últimos años. Sin embargo, persiste incertidumbre respecto de la evolución de las temperaturas y su posible impacto en un adelantamiento de los caudales de deshielo, que será el principal factor para determinar el comportamiento de la temporada’, señala Juan Pablo Herrera, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Maule.
En Ñuble, las lluvias registradas durante julio permitieron una importante recuperación de las reservas de agua. Si bien no son suficientes para revertir por el déficit acumulado, permiten iniciar la temporada con una perspectiva más favorable que la del año pasado.
‘De acuerdo con antecedentes de la Dirección General de Aguas, el río Ñuble en julio registró un superávit promedio de 76,1% respecto de la media de los últimos 30 años, presentando en la estación San Fabián un caudal medio mensual de 244 m³/s, prácticamente el doble de su promedio histórico para ese mes. De la misma forma, la misma estación registró solo en el mes de julio sobre 500 milímetros precipitados que, si bien son cifras alentadoras, la cautela se mantiene, dado que el balance acumulado de precipitaciones registradas a la fecha en la estación Bernardo O’Higgins de Chillán mantiene un déficit de 11,9%’, afirma Daniela Durán, presidenta de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble.
A estos buenos registros se suma la recuperación del embalse Coihueco, que alcanza el 71% de su capacidad, además de una mejor condición de la cobertura nival. A comienzos de agosto, la estación nivométrica Volcán Chillán registraba 95 centímetros de nieve y, a fines del mismo mes, la cobertura nival de la subcuenca del río Ñuble alcanzaba un 47%, por sobre los registros observados en fechas similares de 2025.
La principal interrogante es cuándo y con qué intensidad se producirá el deshielo y cómo evolucionarán los caudales en los meses de mayor demanda de agua.
‘Desde el punto de vista hidrológico, un deshielo anticipado podría adelantar la disponibilidad de agua y generar una disminución de caudales precisamente cuando aumenten las necesidades de riego’, advierte Herrera.
Por ello, la Junta de Vigilancia del Río Maule mantiene una proyección conservadora del programa de riego, orientada a realizar un uso racional y eficiente de los recursos disponibles en la laguna del Maule.
‘Desde el punto de vista agronómico, una temporada que comienza retrasada y con temperaturas elevadas podría desplazar el peak de demanda hacia meses en que habitualmente esta comienza a disminuir’, explica Herrera.
En Ñuble, la preocupación apunta en la misma dirección. Pese a la recuperación de las reservas, la vulnerabilidad hídrica no ha desaparecido y el comportamiento de las temperaturas será determinante.
‘Las principales amenazas siguen siendo el déficit de nieve respecto de los promedios históricos, las altas temperaturas que pueden acelerar el deshielo y la persistencia de una condición hídrica que continúa siendo vulnerable después de una sequía instalada. A esto se suma el riesgo asociado a eventos meteorológicos extremos, lluvias intensas que todavía podrían generar crecidas y daños en los cultivos de frutales’, explica Durán.
Recuadro
Prevenir e invertir
Los expertos insisten en que tanto las organizaciones de regantes como los productores deben estar preparados para períodos de menor disponibilidad de agua, así como para crecidas, lluvias intensas y otros eventos que puedan afectar la infraestructura.
‘Es fundamental realizar mantenciones preventivas; mantener despejados canales y obras de conducción; revisar puntos críticos y contar con información oportuna sobre caudales y condiciones meteorológicas. Pero también fortalecer la coordinación entre usuarios, organizaciones y autoridades. La experiencia de los últimos años demuestra que una buena gestión del agua requiere cada vez más anticipación y menos reacción frente a las emergencias’, indica Catalina Castro.
Aquí la tecnología aparece como clave para mejorar la gestión.
‘La tecnología no reemplaza la mantención ni el conocimiento territorial de quienes administran los canales, pero permite complementarlos y avanzar desde una gestión principalmente reactiva hacia una gestión más preventiva, eficiente y basada en datos’, sostiene Castro.
Pero los desafíos también están dentro de los predios. Víctor Catán plantea que Chile debe avanzar en la presurización de los canales de riego.
‘Esto permitirá que el agricultor pague por lo que consume, lo que a su vez repercutirá en que se sea más eficiente con los recursos’, indica.
También insiste en la necesidad de seguir incorporando tecnología, como sensores, telemetría e incluso inteligencia artificial, aunque advierte que el primer paso es cerrar las brechas que todavía existen en materia de riego tecnificado.
Fuente: El Mercurio - Revista del Campo