Sin Agricultura, no hay alimentos.

Producción permanente, “riesgo político” y mayores costos, las razones tras la nueva ola de inversiones agrícolas chilenas en el exterior

Desde África hasta EE.UU. o China, los exportadores nacionales —mayormente frutícolas— ya contaban con oficinas comerciales, pero ahora ven oportunidades para invertir en la compra de tierras e incluir a las nuevas generaciones familiares en la internacionalización de la producción. Juan Sutil afirma que el estallido social y los procesos constitucionales influyeron en acelerar inversiones fuera de Chile.

Los principales exportadores chilenos tienen desde hace años oficinas comerciales en los principales destinos de su producción frutícola. China, Estados Unidos o Europa ya tienen una fuerte presencia chilena, pero el sector vive hoy un nuevo impulso por invertir en la compra de campos para producir también fuera de Chile, motivados por el crecimiento propio de la operación, el riesgo climático, pero también por factores políticos e institucionales.

En la industria explican que, como las plantaciones agrícolas son estacionales, la producción de frutas en Chile se genera solo en ciertos meses del año. Para proveer durante los 12 meses, las empresas buscan producir en países que tienen una estacionalidad diferente.

A veces son los mismos comercios los que se lo solicitan, y también diversificar inversiones les permite acercarse a nuevos mercados y reducir los riesgos climáticos.

‘Muchos empresarios agrícolas aprendieron en Chile a producir y exportar, y luego decidieron expandirse a otros países. La mayoría sigue invirtiendo en Chile’, sostiene Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA).

Desde principios de los 2000 se iniciaron los primeros proyectos fuera de Chile motivados por la apertura comercial, y hoy estaríamos en presencia de ‘una nueva ola’. Según los registros de la SNA, hoy hay plantaciones chilenas en 10 países, y oficinas comerciales en los cinco continentes.

En la mayoría de los casos los empresarios compran la tierra, en otros forman alianzas o adquieren empresas locales con una operación sana. Menores tasas tributarias y un valor de la tierra más bajo en comparación a Chile son factores que han ayudado a la expansión en el extranjero, agrega Walker.

Un ejemplo es Perú, que ha concesionado tierras para mantenerlas produciendo. Además, invirtió en la modernización de sistemas de riego y creó una serie de leyes agrarias que impulsaran al sector. Con eso, el país vecino ya ha atraído a más de ocho empresas del agro chileno.

Aumento del ‘riesgo político’ como factor
Juan Sutil, fundador de Empresas Sutil, agrega otros factores para explorar oportunidades fuera de Chile. El grupo tiene presencia en Perú hace más de tres años, y hace dos están en Estados Unidos. ‘Hasta aquí ha sido muy exitoso’, comenta, y ha incluido a sus hijos en el proceso de internacionalización.

‘Uno va creciendo y tiene que abastecer los mercados desde diferentes orígenes, porque al final son los mismos clientes en Europa o en Estados Unidos que requieren productos los 12 meses del año, ya sea fruta fresca o deshidratada. Pero por supuesto que hemos ido aumentando los mercados permanentemente’, cuenta.

‘El otro gran pilar de la toma de esa decisión fue el riesgo político que tuvo Chile en 2019 por el estallido social y especialmente agudizado por los procesos constitucionales fallidos. Ese riesgo fue una de las motivaciones para pensar, después de 35 años de reinversión permanente en Chile, que no podemos tener todo acá. Por eso hubo empresarios que aceleraron inversiones fuera de Chile los últimos años’, sostiene.

Operan en Perú a través de Frutícola Olmué. Además tienen National Raisin, que está asociada a los productos secos y deshidratados en Estados Unidos. ‘También tenemos Banagro, que está operando en California, financiando a productores de nuestras plantas’, afirma.

Fuentes de la industria, que prefieren hablar off the record, comentan que la sensación generalizada de los empresarios del agro es que en Chile han aumentado el riesgo, y muchos de ellos no están tan convencidos de reinvertir todo en el país.

Esto coincide con la mirada de Jorge Schmidt, fundador del Grupo Schmidt —mayor productor de paltas del país—, quien consignó en una entrevista reciente que su crecimiento también ha venido por las inversiones fuera de Chile.

Parte de su expansión respondería también a las dificultades que obstaculizan el crecimiento del sector en el país. ‘La ‘permisología’ ha levantado barreras que constituyen un freno a la actividad agrícola y al desarrollo de los territorios’, afirmó Schmidt.

También sus hijos han sido claves en el proceso de expansión; han mantenido iniciativas de reinversión constante y comprado tierras en Chile, Colombia y Estados Unidos. Allí tendrían plantaciones de paltas, en el área de Sacramento.

‘Este último año hemos comprado diez campos y hemos plantado cerca de mil nuevas hectáreas. (…) Exploramos Brasil, Perú y Costa Rica. Finalmente, Colombia fue la alternativa que nos resultó más interesante’, comentó Matías Schmidt, hijo del fundador.

Otro caso exitoso es el de las cerezas de Agrícola San Clemente, propiedad del empresario Luis Chadwick Vergara. ‘Es una unidad de 100 hectáreas de cerezo que está en plena producción’, ubicada al sur de Londres, en el condado de Kent.

El empresario comenta que esta inversión les ha permitido tener una seguridad en la capacidad productiva año a año. ‘Nosotros abastecemos a supermercados en Chile y casi todas las cadenas de Inglaterra, de manzana y de cerezas. La idea era abastecer durante todo el año’.

Agrega que ‘ha sido un negocio rentable, y han logrado tener costos muy buenos. Esto porque somos la única empresa en Chile que mandamos a nuestros trabajadores a cosechar la fruta en Inglaterra. Eso nos distingue con respecto a la competencia, que tiene que traer gente de los lugares más raros del mundo, y que no son cosecheros’.

‘La legislación inglesa es muy exacta de cómo se deben hacer las cosas. Entonces, la migración de las 180 personas está absolutamente controlada por nosotros, y luego regresan a Chile. Es un ejemplo importante también para que aquí en Chile alguna vez entiendan cómo tienen que hacer las migraciones’, comenta Chadwick.

Ya tenían una oficina comercial hace 20 años en Inglaterra. Desde 2013 ya habían adquirido un campo en Perú, y cuentan además con infraestructura en China o Estados Unidos.

Las razones de su búsqueda internacional han sido ‘absolutamente comerciales’, explica. ‘Siempre buscamos agregarle rentabilidad a nuestros campos. Eso nos permite entregar mejor liquidaciones a las personas que a las empresas agrícolas que trabajan con nosotros y las propias’, asegura.

Se multiplican compras de tierras en Perú, Colombia, Brasil
Este año, Ricardo Larraín, exejecutivo de Hortifrut, inició el proyecto Golden Agro Fund en Brasil. Adquirió cerca de 80.000 hectáreas (divididas en dos haciendas) en el estado de Bahía. Allí comenzaron con la producción de arándanos y pretenden sumar otros frutales como uva, limón, mango o palta Hass.

Otros empresarios chilenos como Juan Pablo Swett, Felipe Hurtado o Sebastián Correa (que es gerente del negocio en Brasil) se hicieron parte del proyecto, que hasta enero tenía invertidos US$ 20 millones entre capital de socios y financiamiento privado.

Otro ejemplo reciente es el de Empresas Penta, controlada por Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, que este año expandió su negocio agrícola a Perú. A través de Agrícola Mercedario, invirtieron US$ 60 millones para plantar 400 hectáreas de arándanos en el área de Trujillo.

Un poco antes, la empresa Olivos del Sur (Olisur), fundada en 2014 por Alfonso Swett, expandió las operaciones con un proyecto agrícola en Portugal en 2017, son 1.800 hectáreas en la región de Évora, lo que les permite ‘asegurar producción continua de aceitunas y disminuir los riesgos climáticos’.

Hoy la compañía se mantiene en manos de la familia Swett, quienes participarían también de la administración. Es la principal productora de aceite de oliva en Chile, con filiales en Brasil y Estados Unidos.

En 2017, la exportadora Gesex, cuyo cofundador y controlador es Cristián Allendes Marín, tomó la decisión de comprar un campo de 220 hectáreas en Piura, al norte de Perú.

A su vez, formó una de las tres mayores exportadoras de uva en Perú al unirse con la empresa Pura Fruit, que pertenece al grupo Costa Verde, sociedad de inversiones de la familia Cueto y donde participa también la familia Piñera Morel. La empresa maneja más de 1.100 hectáreas productivas.

La empresa familiar Cabilfrut (Frutas de Cabildo), fundada por el empresario y exdiputado Eduardo Cerda García, y hoy dirigida por Juan Pablo Cerda, creó en 2021 la división Cabilfrut Perú SAC, un proyecto que considera entrar a invertir en la propiedad de huertos de paltas en Perú, desde donde ya exportaban, pero ahora con un porcentaje de producción propia.

Lo mismo exploraron en Colombia, con proyectos de inversión en ‘fincas de paltas’ a través de la filial Agrícola Finpal SAS. Con ello expandieron la producción y les permitió diversificar la oferta de palta Hass durante un mayor período del año. ‘Los costos de producción son muy competitivos (inferiores a Chile), lo que aumenta la rentabilidad de los proyectos’, explican en su sitio web.

Hortifrut es probablemente el referente de la internacionalización agrícola chilena. La compañía hoy controlada por el Grupo Moller, Quevedo y Vitalberry —donde participan las familias Del Río y Elberg— ‘abastece a mercados en todo el mundo durante todo el año’, declaran, en gran medida porque sus plantas y plantaciones están distribuidas en diferentes continentes.

La mayor exportadora de arándanos del mundo, presidida por Nicolás Moller Opazo, ya cuenta con operaciones de producción en Perú, México, Canadá, Colombia, Brasil, Ecuador, China e India, además de Chile.

En España crearon Euroberry Marketing (EBM) junto a Atlantic Blue, gracias a esta alianza cuentan con producción propia en España y Marruecos. También operan en India y China, a través de los joint ventures Honghe y Hortifrut IG.

Unifrutti fue una compañía que creció desde Chile hasta gestionar plantaciones frutícolas en Chile, Ecuador, Filipinas, Italia o Sudáfrica, aunque hoy pertenece al fondo soberano ADQ, con sede en Abu Dhabi.

Recuadro
‘El riesgo fue una de las motivaciones para pensar, después de 35 años de reinversión permanente en Chile, que no podemos tener todo acá’.
Juan Sutil, presidente de Empresas Sutil.

‘Mandamos a nuestros trabajadores a cosechar la fruta en Inglaterra (…) Es un ejemplo importante para que aquí alguna vez entiendan cómo tienen que hacer las migraciones’.
Luis Chadwick, presidente de Agrícola San Clemente.

Con 80.000 hectáreas en el norte de Brasil, el proyecto Golden Agro Fund que lidera Ricardo Larraín (ex Hortifrut) es el proyecto más reciente de internacionalización.

Fuente: El Mercurio